En Costa de Marfil no se comen monos
Cuenta mi amiga , que en su pueblo no se pueden comer monos, y que esto es casi casi, un delito , pues estos pequeños peludos, deben ser siempre respetados y alimentados con amor. Mi amiga, que es original de Costa de Marfil, recuerda que en su hogar, los ancianos narran con frecuencia, la historia de los hombres y bubus….
Un día, hace muchos, muchísimos años atrás…. a un pueblo de costa de Marfil , llegó la noticia que los hombres blancos llegarían pronto con la guerra en sus manos, fue por esta razón que el hombre más viejo y sabio del pueblo, se sentó a pensar en una solución . Este hombre de manos asperas y pelo blanco, también era el poseedor de toda la magia de la Aldea, y su decisión marcaría el alma y el corazón de su tribu.
Por lo tanto, después de haber buscado muchas opciones en las formas de las nubes, tomó la decisión que considero más idónea y se fue a dormir. A la mañana siguiente ordenó a todos los hombres mayores , mujeres y niños agruparse , y cuando todos los pobladores estuvieron en silencio, les comunicó su designio viéndoles directamente a los ojos, desde todo su amor. El anciano , les explicó el significado real de la convivencia y del orden natural, poco tiempo después, levantó su mano y sin dar marcha atrás , les convirtió en bubus, por lo que ahora eran pequeños monos de ojos grandes y corazón alegre. Con esta decisión el hombre sabio pretendía evitar la matanza y la pérdida del linaje de su pueblo.
No tardó mucho tiempo en que el hombre blanco llegara a estas tierras a poseer todas las cosas que en ese espacio había… quería pelear , desatar la guerra y ver sangre para sentirse fuerte y victorioso. Sin embargo, no consiguió resistencia , solo había hogares vacíos, verdes y amplios espacios, aguas, cascadas, animales exóticos y … unos pequeños monitos que acompañaban su camino .
Mientras los guerreros recorrían el espacio , vieron a lo lejos una figura humana y pensaron que había llegado el momento de combatir , mataron sin piedad al hombre sabio de manos ásperas y pelo blanco que no levantó contra ellos sus armas, y con él, se fue la magia que podría reconvertir a los pobladores de la aldea a su forma original. El hombre blanco por su parte, quedó con la desazón de no haber conseguido resistencia y no entendió nunca la postura de aquel viejo , ni la razón por la cual estaba solo en esa tierra tan amplia verde y húmeda .
Con el tiempo la aldea volvió a ver gente , nuevos pobladores llenaron las casas con risas y trabajo, muchos niños comían nuevamente alrededor de los grandes platos de madera y eso era esperanzador. Todos los pobladores de la aldea iluminaban nuevamente las casas o corrían por las veredas para poner orden… y desorden también. Y como era de esperar , los viejos pobladores acompañaban en todas sus actividades a la nueva generación, ellos iban saltando de rama en rama y con sus grandes ojos de «bubus» seguían a niños y adultos para orientarlos en el camino. La lección del hombre sabio había permanecido en el tiempo y todos convivian en el mismo espacio, desde el amor de aquella mirada paternal.
Mi amiga Laure, me contó esta historia un día cualquiera…. Ella, con sus ojos grandes y su hermosa sonrisa, acompaña estas burdas letras en un intento insensato de hacerme palmera (lo de la palmera , lo cuento después). Y es que ella, que compartió sus cuentos de África conmigo, me enseñó un mundo que aun cuando estuvo por mucho tiempo lejano a mi, hoy sigue abriendo ventanas e infinitos matices llenos de esperanza .
Gracias Amiga